Las pinceladas de alegría
que tus gestos merecíanen una tarde sigilosa
de amor, que sin saberlo
viviendo un atroz desierto
de incomprensibles ausencias
buscó sobre la mesa
y no halló nada.
Vacía quedó su alma
inquieta y sin consuelo
y pidiendo, y muriendo
y rogando todo al cielo
un buen día sin esperas
recibió la certeza
que su sufrir por pereza
había terminado.
Así de vez en cuando
de lágrimas su disfrute
mas el dolor de perderte
ya tuvo su muerte
Resignarse de a poco
recordar para vivir
y olvidar el sufrir
para simplemente seguir
Amar, vivir, amar, vivir
Amar, morir, amar, sentir.
Camilla Del Miranda,
Derechos Reservados(c) 2009
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