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viernes, 3 de abril de 2009

Suspiró sonriendo

Lentamente cerró los ojos e imaginó su cuerpo en medio de todas las galaxias gritando, gimiendo, llorando; buscando el último suspiro ante tan amarga vida, tan larga, tan descansada. Tan sólo cerró los ojos y suspiró sonriendo.
Los años habían pasado en vano. Ella, radiante como una margarita floreciente, él amargado y cansado como quien quiere morirse temprano. Pero para el resto del mundo la vida les había ido bien. Tenían cuatro hijos, un varón y tres mujeres. Tenían capital y una muy cómoda posición económica pero, de un tiempo para acá, el viejo hacía cosas extrañas, algunas desagradables pero otras, verdaderamente, fuera de otro mundo. Él decía que tenía que hacerlo para proteger al planeta y a la raza humana.
El mandato era divino, y bien tenía que hacerlo. Un día el viejo salió despavoridamente de una reunión familiar, de esas de domingo. Se puso una ropa poco convencional, tenis y medias negras de trabajar, pantalón corto de cuadritos y una camisilla blanca sin mangas. Así salió en su carro y desapareció por ocho horas. Cuando llegó estaba completamente mojado, lleno de fango y en el pelo tenía petróleo. Todavía en su casa se admiraban cómo había llegado tan lejos guiando, si por los espejuelos no veía nada pues éstos estaban completamente negros por el petróleo. “Al centro del mismo infierno fui a parar”, decía el viejo aún sin poder ver. Sus manos negras de hollín escondían unos dedos calcinados. El viejo ya nada sentía. Entre sollozos de su mujer y la resignación de sus hijos le hicieron una ducha obligada. Entonces la imagen era peor, un perito forence determinó que las quemaduras eran de tercer grado y había una muy peculiar en su pecho; rastros de carne derretida y purulenta mostraban la palabra: MUERTE. El viejo dio un retroceso inmediato a todos los eventos de su vida regresando al comienzo. Una y otra vez fue regresado, comenzaba, terminaba y él, sin percatarse de su espacio y tiempo, tan solo pensaba que era un pésimo sueño.
Camilla Del Miranda, Derechos Reservados(c) 2009

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